Cuantas veces hemos fantaseado en ser alguien que no somos. De pequeños nos preguntaban qué queríamos ser de mayores y siempre decíamos: bomberos, astronautas y demás trabajos que siempre requerían de uniforme. El caso es llevar uniforme. ¿Qué tendrán que a gran parte de la población nos vuelven locos? Los policías con su gorrito, su placa, la pistola, la porra. Todos estos accesorios son merecedores de horas y horas de pura pasión. Y no empecemos con los bomberos porque entonces no acabamos. El caso es que algo tienen los disfraces eróticos y más si sabéis utilizarlos adecuadamente, porque si es así, haréis que vuestros acompañantes, vean las estrellas.

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Sin duda, el fin de utilizar un disfraz erótico es para seducir al otro/otros. Se trata de conseguir que este íntimo momento se convierta en algo inolvidable. Y para que no se les olvide y permanezca en su masa gris durante un largo periodo de tiempo hay que seleccionar bien el disfraz. En primer lugar debéis conocer y descubrir las pasiones, sueños eróticos y fantasías de aquel a quién vamos a ofrecer dicho regalo. A partir de ahí, toca buscar el disfraz que cuente con la menor tela posible y con los accesorios indispensables, no vaya a ser que al acompañante le divierta más jugar con éstos que no con vosotros. Al fin y al cabo, el disfraz es un papel de regalo y lo que importa es lo que hay dentro del paquete, no fuera.

Y sí, hay que buscar el disfraz que más le guste al otro, pero también el más cómodo para uno mismo. No hay que abandonar la sensualidad pero tampoco hay que renunciar a la comodidad, y desde luego, no resulta excitante ver como aquel que va disfrazado es incapaz de moverse. Lo último que querréis sentir es ser esposados a la cama estando disfrazados de policía. Sin duda, estos uniformes son los más solicitados, pero últimamente ha resurgido la moda cultural, es decir, disfrazarse con un sensual vestido típido de una región, por ejemplo, con las casacas de ataño o bien los Caftáns de Marrakech.

Aunque la verdad, para vivirlo, mejor viajar in situ a esa maravillosa ciudad. Allí uno puede perderse entre sus gentes, costumbres y vivencias además de recorrer las calles, las tiendas, los bazares y dejarse llevar como uno más de la ciudad. Y es que hay que saber disfrutar de las ciudades integrándose como uno más de los ciudadanos autóctonos, por ejemplo, alquilando alguno de los Apartamentos en Marrakech y disfrutando de la libertad que supone tener tu propio cobijo.