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Si tu libido anda algo baja últimamente, te sientes desganado y quieres reavivar tu apetito sexual, ¡el masaje erótico está especialmente pensado para ti! Olvídate de todos los trucos de la abuela y los falsos afrodisíacos que nunca funcionan. Hablamos de una táctica real, donde dos cuerpos se encuentran, se tocan, se acarician y se excitan el uno junto al otro, el uno por el otro.

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Si el masaje tradicional tiene como objetivo aliviar y eliminar tensiones musculares y estrés, el masaje erótico va en busca del placer: se trata de desequilibrar a la persona para que surja un deseo sexual. Con esta clase de masajes se recorre de manera sensual el cuerpo de la pareja, estimulando la piel con caricias que despiertan la excitación y la libido. De esta forma, no se hace tanta incidencia en los músculos, sino en las terminaciones nerviosas más sensibles que tiene la piel. Las manos se deslizan suavemente sobre el cuerpo desnudo de la persona, habiendo creado previamente un clima adecuado, con velas, música, luz muy tenue…

La palabra masaje, “massech”, proviene del hebreo, y significa tocar o palpar. La clave de los masajes eróticos reside en cómo y dónde se toca. En ningún caso se trata de una relación sexual donde el coito está implicado, y en ningún caso, el orgasmo es el objetivo fundamental. Simplemente, busca despertar los sentidos mediante el preámbulo antes de una posible relación sexual, si es que la hay.

Busca las zonas erógenas de tu pareja y haz especial incidencia en ellas. Abre la mente y explora su cuerpo con tus dedos, con las palmas de las manos, con las uñas: ¡todo está permitido! Seduce a tu compañero. Uno de sus principales objetivos es descubrir qué es lo que le causa más placer y provocar un acercamiento. Te sorprenderá gratamente averiguar cuántas zonas del cuerpo que hasta ahora no tenías en consideración pueden resultar sumamente excitantes para ambos.

El efecto de un masaje erótico puede ser tan profundo como el de un beso apasionado, o tan excitante como el de un coito. Hasta dónde llegue ese efecto sólo depende de vosotros dos.

Este masaje puede ser el preámbulo perfecto antes de llegar al coito. También sirve como relación completa en sí misma, si ambas partes llegan al orgasmo. Juntos pueden gozar orgasmos diferentes y descubrir nuevas dimensiones de su sexualidad. Además, sirve como terapia sexual, ya que ayuda a tratar la eyaculación precoz.

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Vivimos en la sociedad de las prisas, el estrés y la inmediatez. Desgraciadamente, trasladamos esta forma de ser a todas las esferas de la vida cotidiana, incluido al sexo. De ahí, que hayan florecido tendencias contrarias a este ritmo cotidiano y poco natural: las filosofías orientales como el yoga, la meditación o el tantra – aplicado al sexo – representan la contrapartida y un punto de inflexión respecto a este mundo frenético en el que nos movemos.

Sexo-Tántrico

En la sociedad occidental, tanto el sexo, como el amor son dos elementos con claras expectativas materiales y fines específicos: rellenar vacíos, por ejemplo. Si amas, eres feliz. En el tantrismo el amor no es la proyección de una carencia, sino la manifestación de una presencia y un estado energético rebosante. En nuestra cultura, orientada a bienes concretos, el orgasmo es el principal objetivo del sexo. En cambio, en el tantra, el orgasmo (masculino) no es más que una pérdida inútil e innecesaria de energía. Si quieres sumarte al carro de las filosofías orientales y olvidarte del caos occidental, deja a un lado el sexo convencional, sus pautas y conductas y únete al tantra.

El tantra, como ya hemos dicho, resta toda importancia al orgasmo masculino y prima el placer femenino y a su orgasmo. Tantra viene del sánscrito y significa “expansión y liberación”. Así, esta práctica se caracteriza por llevar los cinco sentidos hasta el límite, buscando el placer máximo entre ambos miembros de la pareja. Es muy importante que el hombre no eyacule, o por lo menos que no lo haga después de unos 15 actos para que no finalice el acto y el placer de ambos se amplíe.

Gracias al tantrismo el hombre aprende a llegar al orgasmo sin eyacular, por lo que la energía no se derrocha. Este tipo de sexo se basa en encuentros largos y muy relajados: aquí no caben las prisas ni las ganas de culminar. Por otro lado, no se ve a la mujer como un simple “recipiente sexual”, sino como a una receptora de energía.
Ante todo, se busca la calidad, y no la cantidad. Los puristas aseguran que no es conveniente practicar sexo más de una vez al mes para así acumular energía erótica. La meditación y la respiración son elementos básicos. Sentados frente a frente, uno exhala, y el otro inhala (con la idea de respirar uno el aire del otro). Vacía tu mente y relájate. Acaricia y masajea a tu pareja hasta la saciedad, pero sin tocar las partes íntimas como los pechos o los genitales. Después de un rato, haced un descanso y vuelta a empezar. Tumbados en la cama, siempre uno frente al otro, besaros sin que vuestros cuerpos se toquen, atentos a la respiración. Después se puede proceder a tocar los genitales, pero siempre con suavidad y acto seguido, a la penetración, que nunca es el fin único, sino un paso más a seguir. Ésta debe ser estática primero, y luego moviéndoos después y debe durar en torno a los 30 minutos. Recuerda que se trata de mantener la tensión sexual. Si el hombre siente que va a eyacular, debe parar, relajarse, respirar, y volver a empezar con los ejercicios.

En el Tantra es muy importante concentrarse en cada uno de los pasos y disfrutar de cada uno de ellos de manera relajada. Al principio, nos costará concentrarnos y evitar el propio interés por lograr un orgasmo, pero con el tiempo la conciencia aprenderá. Gracias al tantrismo, llegarás a un fin espiritual a través de la unidad. ¿Quieres descubrir todos sus secretos? ¿Qué mejor manera que e un viaje? Alquila Apartamentos en Marrakech y sumérgete en el mundo del tantra.