Festival Internacional de Cine de Marrakech
Posted by marrakechNov 28
El rodaje de Othello, acaso una de las mejores películas de Orson Welles, lo que no es decir poco, fue probablemente el más demencial de toda su carrera cinematográfica, lo cual también resulta bastante significativo de lo arduo de todo el largo proceso.

Se trataba de una producción financiada por Scalera Film Studios, en aquel momento, primerísimos años de la década de los cincuenta del siglo veinte, el estudio más importante de un país, Italia, donde se hacía el mejor cine de todo el continente europeo. Ejemplar por muchos motivos—entre ellos la asombrosa capacidad de Welles para alterar el texto de Shakespeare, omitiendo una parte importante de las escenas cómicas de la obra ( “Se trataba de comedia de alta calidad pero no había sitio para ellas en la película que yo quería hacer… ¿Por qué se supone que una película debe tener más respeto por una obra de teatro que una ópera?”), no es el menor de ellos la lección magistral que supone en lo relativo a ajustarse admirablemente a los medios de los que se dispone y saber hacer de la necesidad una virtud. Desde el primer momento la idea de Welles y del director artístico del filme, Alexandre Taurner, fue que el vestuario de los personajes estuviera basado en el que aparece en los cuadros del pintor veneciano Vittorio Carpaccio (1460-1525/6), sin embargo, nada más llegar a Mogador, la localidad en la costa atlántica de Marruecos donde el film iba a ser filmado, Welles recibió un telegrama diciendo que los trajes no estaban listos y no llegarían a tiempo. Y un día después otro anunciando que Scalera estaba en bancarrota.
Como sí disponía del reparto, equipo, película y cámara, Welles decidió rodar dos rollos de filme, hasta que se acabó su propio dinero, en unos baños turcos, donde la gente no tiene que llevar ropa. Las escenas allí rodadas siguen siendo una de las partes más memorables de la película, que tardaría casi dos años más en terminarse, en función del dinero que iba entrando y las fechas en que los actores estaban disponibles, y se rodó en nueve localizaciones diferentes de Italia y Marruecos, iniciando el mito de la eternidad que Welles tardaba en rodar sus filmes.
Entonces Marruecos era casi exclusivamente, desde que Louis Lumiere filmara allí en 1897, un lugar soñado por los cineastas, tanto por lo barato del coste como por la espectacular belleza de sus paisajes, para rodar películas.
Del cambio radical experimentado en lo tocante a la relación del país norteafricano con el mundo del celuloide da prueba la vitalidad del Festival Internacional de Cine de Marrakech (http://www.festivalmarrakech.info/) que celebra su onceava edición, presidida por Emir Kusturica (sección de largometrajes) y Sigourney Weaver (cortos) del dos al diez de diciembre.
Se trata de un interesantísimo y cada vez más prestigioso acontecimiento que este año rendirá homenaje al cine mexicano, presentando tanto películas de sus grandes realizadores históricos como filmes de una nueva generación de cineastas reconocidos por lo diverso y vigoroso de sus propuestas.
Si alquila apartamentos en Marrakech por esas fechas, no se lo pierda. Es una estupenda ocasión de ver magníficas películas de todo el mundo y comprobar en persona que el Marruecos cinematográfico es en la actualidad mucho más que un plató conveniente para las producciones extranjeras




mia1603
Traducidos por: Maria



Luz Obscura
SISTER RAY
Heloise Battista





